KM 2183, LUCCA: Los abuelos del Tango

El relato, por pura coincidencia, porque así lo dictaminó el discurrir de eso que llamamos tiempo, empieza en febrero de 2019. Empieza cuando me bajo del tren en Lucca, una pequeña ciudad de la región de la Toscana, ingreso en el centro histórico amurallado y mi mirada se topa con un memorial, uno más, de los tantos que veo día a día.

Pero en éste me detengo.

“Historia de la emigración y de la música grande. Aquí se ubicará el monumento a Astor Piazzolla”.

 

Los relojes sirven para compararse a otros relojes, pero son obsoletos para medir la(s) vida(s). La historia, por eso, la de esta primera piedra, que algún día dará origen al monumento, continúa, pero ahora en 1987. La democracia regresó a Argentina hace cuatro años, el seleccionado nacional de fútbol es campeón del mundo y el consagrado compositor Astor Piazzolla se presenta en el teatro Verdi de Pisa para ofrecer uno de sus magníficos conciertos.

La comunidad argentina en Italia, por supuesto, acude en pleno a la cita y entre ellos, entre todos, se encuentra Ofelia Lachner, una de las tantas exiliadas por la dictadura, amante del tango y de la música clásica y contemporánea, que espera a Astor una vez termina la velada, entre decenas de admiradores. El autor de “Libertango” responde el saludo y le dice: “Me encanta venir a Italia, porque aquí están mis raíces”.

-Ah sí, ¿En dónde? -pregunta Ofelia. Ella sabe que Pantaleone Piazzolla, el abuelo del músico, era un pescador que había emigrado de Trani, en la región de Puglia (1), a fines del siglo XIX para instalarse en Mar del Plata. Pero la respuesta la sorprende.

-Clelia Bertolami, mi abuela materna, es de Massarossa. Aunque nunca pudimos encontrar su acta de nacimiento…

Massarossa se encuentra a sólo 20 kilómetros de Viareggio, donde vive Ofelia. Entonces, deslumbrada por la primicia -de primera mano- y alumbrada por la curiosidad, a la mujer, pintora, le surge la duda y se le abre un mundo. ¿Será de ahí mismo? Y si es de ahí, entonces en algún lado tiene que existir algún registro: de partida, de nacimiento, de matrimonio, de algo. 

En cuestión de segundos, la decisión de Ofelia está tomada: le hará el favor al gran maestro. Será ella quien encuentre los documentos nunca hallados.

Entonces, empiezan las averiguaciones, las visitas a archivos, a escribanos, a iglesias. La atención puesta en un único objetivo. Pero no aparece nada. Muchas ciudades no cuentan siquiera con registros públicos. El tiempo avanza: sobran las ganas, faltan los resultados…tal vez no lo consiga, tal vez todo termine en decepción.

Y aquí, entonces, debemos otra vez adelantar nuestros relojes. Correr las agujas días y noches y meses y años, y detenernos en 2008. Ese año, el nacimiento de una tal Clelia Bertolani (con ene) aparece en uno de los tantos registros en los que bucea Ofelia. Es un error de homonimia, le dice Piero Biagioni, director del Museo de la emigración Lucchese (2), es probable que sea ella. Es el primer gran paso en la dirección cierta.

Uniendo cabos, así, entre lo que uno sabe, entre lo que la otra busca, llegan cuatro años más tarde a una pista que parece bien dirigida: Massa di Sassorosso. Tal vez Astor se había confundido los nombres, éste suena parecido. Pero hay también una cuestión de tamaño: si Massarossa es un pequeño pueblo, con 22.000 habitantes, Massa di Sassorosso es directamente un caserío: 117 personas, según el censo de ese entonces, de las cuales hoy quedan sólo 68 (3)

Fuente: Natura Mediterraneo

Decidida a develar el misterio, Ofelia llega por los caminos de la montaña hasta el pueblito, perdido entre las nubes bajas y los cultivos de castaño, en una zona agrícola llamada «La Garfagnana». Acude al cura de la iglesia (siempre hay una iglesia) y le lleva dos nombres: Luigi Manetti y Clelia Bertolami. “¿Se podrá buscar a ver si hay algo de ellos en las actas?”.

Y efectivamente hay. Después de dos décadas de búsqueda, llega el primer resultado. Y es concluyente. Allí, en esa misma “chiesa”, San Michele Arcángelo, en 1888, se casaron Luigi y Clelia. El papel es viejo, pero se lee clarísimo y no deja dudas. A sus 92 años, el cura está exultante. Los orígenes de Piazzolla estaban guardados en una iglesia de un caserío perdido en las montañas, que apenas superaba el centenar de habitantes.

 

Seguimos jugando con el tiempo: en 1889, un año después de la boda, los abuelos de Astor emigran a Argentina (Luigi pasa a ser Luis; Clelia conserva su nombre). El destino: Mar del Plata. En 1897, nace Asunta, que se casa con Vicente Piazzolla, el hijo del pescador “pugliese”, y en 1921 da a luz a Astor, él mismo que en 1987, a sus 66, viaja a Pisa, a 76 kilómetros de Massa di Sassorosso, y se queda hablando, luego del concierto, con Ofelia.

Astor murió en 1992, por lo que el descubrimiento de Ofelia coincidió con las conmemoraciones tras dos décadas de su partida. Así, con ayuda de la embajada argentina en Italia, se organizaron conciertos “piazzolianos”, luego se inauguró una placa al compositor en Massa di Sassorosso y al final, se iniciaron las gestiones para colocar una escultura en Lucca, capital de la región en la que vivían sus abuelos maternos. Las tratativas continúan hasta hoy y puede que pronto haya noticias.

 

¿Se puede salir de la cápsula? Entonces regresamos a 2019, a Viareggio. Rodeada por sus cuadros, que evocan a la anhelada Buenos Aires, a La Paternal, a Devoto, a los cien barrios porteños, Ofelia me cuenta su historia de militancia, de exilio, de escaparle al terror de los genocidas, del amor por la literatura de Borges y de la búsqueda de Luigi y Clelia.

“La ayudante del párroco, con 74 años, me fue a esperar a la estación. Él estaba hecho un pibe: encontró todo en media hora, me hizo las fotocopias”, rememora.

Me ofrece mate. Lo acepto con gusto, ya lo estoy extrañando. No sé si estoy en Lucca en el siglo XIX, en Mar del Plata en la década del ‘30 o en Italia ahora, pero eso no importa. Escuchamos a Piazzolla y el tiempo se desvanece. Empieza la canción que le dedicó a su padre. Adiós Nonino, grande Astor.

 

La historia, en el «Corriere della sera». A la derecha, una foto del encuentro entre Ofelia y Astor en 1987.

 


(1) A los nacidos en Puglia se les dice «Pugliese». Vaya si ese lugar es importante en la historia del tango…

(2) Así se les dice a los nacidos en Lucca.

(3) Los que faltan emigraron a Mar del Plata.

2019-03-13T16:59:31+00:00