KM 3421: Kabul-Venecia, con escalas

Yousaf Marufkhel tuvo que salir de Afganistán en 2007, por la guerra.

Pasó por varios países en su exilio. Tuvo hambre y no tuvo trabajo. Durmió 40 días en la estación de trenes de Venecia, con dignidad pero sin documentos, hasta que un día, en uno de esos drásticos y contundentes giros del destino, conoció a un compatriota que tenía un local de comidas, participó de Masterchef y su vida cambió para siempre.

Hoy, este simpático cocinero de Kabul tiene su propio restaurante en Mestre, una localidad cercana a Venecia, y es socio de Ahmed Hamadi, el afgano que está revolucionando la escena gastronómica en la ciudad de las góndolas y los canales

“El primer país al que llegué fue Pakistán. Después seguí rumbo a Irán, Turquía, Grecia -en donde pasé cinco años- Macedonia, Serbia y Hungría. En todos esos países viví. Luego estuve tres años en Austria. Pero no podía conseguir trabajo porque no me daban documentos”, me cuenta Yousaf en un inglés rudimentario pero más que suficiente. “Entonces fui a Francia. Cuando finalmente llegué a Venecia, tuve que dormir en la estación, hacía tanto frío, no tenía casi nada para comer…”

Antes de seguir contándome, y tras regañarse a sí mismo por ese imperdonable olvido, inadmisible en la hospitalaria cultura afgana, Yousaf me ofrece un té con miel. Y continúa:

“Ahora, tras haber pasado muy malos momentos, soy socio en ‘Orient Experience’ y tengo mi propio local de comida oriental. Fui a Milan en 2017, por lo de Masterchef, me dieron un premio, mi diploma, y estoy trabajando aquí…”

-Estás feliz…

-No. Estoy bien, pero no estoy feliz: nunca podré estar feliz porque mi familia está lejos, en Afganistán. Hace poco fui a visitarlos… hay tantos problemas en la calle. Estuve sólo un mes, es demasiado: no son sólo los talibanes, son tantos y tantos problemas. Lamentablemente, los periodistas no entienden nada sobre Afganistán…

Yousaf tiene un hijo, Erfan, y dos hijas, Nadia y Zapna. Su mujer y su madre viven juntas, en Kabul. No consigo comprender del todo las relaciones familiares ni lo que me cuenta, porque su inglés no me ayuda. Pero el problema no es suyo, en nuestra conversación quien peca por poco preparado soy yo: “Hablo griego, alemán, un poquito de francés, italiano, pashtun, urdu y farsi”, me avisa y rememora, con cada idioma, los lugares por los que pasó.

“Erfan está estudiando inglés, lo habla muy bien. Zapna también está aprendiendo, pero ella no puede ir a la escuela, no le está permitido. Tengo la esperanza de que el inglés les va a servir el día de mañana, cuando Afganistán sea otra vez un buen lugar para vivir. Una vez por mes hablo con mi esposa por whatsapp”.

-Te gustaría volver a Afganistán?

-Si algún día termina la guerra, no va a pasar ni un día y yo ya estaré de nuevo allá.

 

LA HISTORIA DEL “ORIENT EXPERIENCE”

 

“Oriente Experience”, el restaurante en el que hacemos la entrevista y del que aquel día Yousaf estaba a cargo, es uno de los lugares más interesantes de Venecia. Lo abrió Ahmed Hamadi, un joven cineasta de Kabul que llegó con status de refugiado a la ciudad en 2006. Tras dormir varios meses en un albergue, consiguió un trabajo como mediador cultural para todos los afganos que estaban arribando a Italia.

“Entonces, organicé un festival para mostrar nuestra cultura en Venecia -le contó a Vice– y un elemento importantísimo fue la comida. Muchos de los afganos que estaban en Venecia habían llegado tras cruzar cinco, seis fronteras, y eso no es nada fácil. Para llegar de un país a otro, se necesita dinero: por eso estos chicos, de 15, 16 años, se pasan años en algunas ciudades viviendo en la calle, ahorrando cada centavo para luego seguir rumbo a otro lugar en el que los reciban mejor”.

“Decidimos enfocarnos entonces en esas ‘comidas de pasaje’. ¿Qué se come durante esos períodos en que uno debe vivir en un país extraño? ¿Cómo se reinventan los platos para ahorrar dinero y proseguir viaje?”

“Un ejemplo: en la cocina afgana se utiliza mucho cordero, pero ellos cocinaban con pollo, porque es mucho más barato. Y al hacer eso, le daban una nueva identidad a cada plato”.

El festival que Ahmed organizó tuvo muchísimo éxito y entonces, algunos de los asistentes empezaron a contactarlo: querían que en sus reuniones y encuentros también se ofreciese el mismo menú. En 2012, así, luego de adquirir experiencia en su nuevo rol gastronómico, abrió “Orient Experience”, en un local pequeño en el centro de Venecia, en el que antes se vendían kebabs. El dinero para inaugurar el lugar fue obtenido gracias a diversas donaciones.

En “Orient Experience” se preparan platos típicos de gastronomía oriental y todos los que trabajan allí son refugiados o inmigrantes que viven en Venecia. El suceso del lugar, chiquito, acogedor, cuidado al detalle, fue tal que Ahmed, devenido ya un incipiente empresario, abrió “Orient Experience II”, en otra zona de la ciudad, y después un tercer local, “Africa Experience”, en el que los cocineros y mozos son todos africanos que llegaron a la ciudad como refugiados. Allí se ofrecen platos somalíes, etíopes, de Eritrea, Gambia, el África subsahariana, Marruecos, Senegal…

 

ARGENTINA Y AFGANISTÁN

 

“La comida afgana más conocida es el Kabuli palaw -me explica Yousaf, mirando de reojo a cada respuesta para estar atento a la clientela. Después de mi aparición en Masterchef (1), el plato se popularizó mucho en Italia. Lleva arroz y cordero, no es picante. En Afganistán no usamos picante, tal vez sí en India y Pakistán, pero nosotros no…”

Se me ocurre entonces, preguntarle por Argentina, mi país, y cometo un error imperdonable. Después me quedaría pensando varios días seguidos en las diferencias culturales, de clase, de mundo, en cómo ciertos consumos que para mí son habituales -porque soy un privilegiado- a otras personas que no tuvieron mi suerte, en cambio, los excluyen, les muestran dónde está la barrera. Hasta acá se puede, les señalan: hasta acá ya no más.

“Bueno, supongo que la gente es buena y el país es muy lindo”, responde Yousaf a mi requerimiento…

-¿Y Messi? Qué pensás de él?

-¿Messi? No sé quién es…

Se disculpa entonces con verguenza: “Cuando llegué aquí, sólo pensaba en trabajar, trabajar, trabajar. No tenía tiempo para pensar en otras cosas”. Me estruja el alma con su perdón. Siento que me dice: “Me encantaría mirar fútbol en un sillón, pero estuve sin tiempo: tuve que escapar de la guerra, dormir entre las vías y mendigar para comer”.

“La gente en el mundo es buena”, señala luego; “el problema son los políticos”.Y culmina: “Los afganos somos muy alegres y hospitalarios, nos vemos como hermanos, nos juntamos siempre, tomamos té a cada rato. Todos piensan que sólo hay gente violenta que hace la guerra, pero se equivocan: somos un hermoso país”.

Muchas gracias, Yousaf, por el tiempo para hablar conmigo y por tus enseñanzas. No te lo dije en el momento por esa timidez idiota, por esa neutralidad impuesta y absolutamente falsa entre el periodista y el entrevistado, pero para mí sos un ejemplo de constancia, trabajo, de dedicación. Ojalá puedas ver pronto a tu familia y vivir feliz en tu país: estaré haciendo fuerza por vos.


(1) Fue un programa en el que los participantes debieron cocinar junto a un «cocinero refugiado» platos típicos de los países de los que éstos provenían.

2019-04-08T19:16:37+00:00